No es fácil ver a un grupo de cinco jóvenes con estética heavy y largas melenas, subir a un escenario, hacer música contundente y al mismo tiempo, hablar de Dios. Ellos son Levit.
La banda de metal melódico lleva en funcionamiento poco más de un año, y a pesar de esa falta de rodaje, pudimos ver en los cincuenta minutos que duró el concierto, a cinco veinteañeros con desparpajo y sobre todo mucha pasión en lo que hacen; en lo meramente técnico, sobresalientes las guitarras y la potente voz del cantante, llegando a notas imposibles, también destacar la sobriedad en la parte rítmica, bajo y batería bien complementados y sin alardes innecesarios en las canciones.
Levit bebe de diversas fuentes, podíamos escuchar en sus temas desde Metallica y Trivium, pasando por Mastodon, As i lay daying, incluso dejando entrever amor por Iron Maiden y Manowar.
Aparte de las influencias, que tiene todo hijo de vecino, la personalidad del grupo reside en las fuertes convicciones evangélicas que tienen, y es que “la sociedad esta muy dañada, y la música solo incita al sexo, las drogas, el alcohol, y lo que es peor, al suicidio y al desorden familiar, Levit es esa pequeña luz que amanece en el corazón de cada rockero, dándole la posibilidad de tener una vida llena de esperanza y gozo a la libertad, la gente odia la religión y Levit también, porque la religión mata al hombre, lo importante es la relación con Dios”. De esta idea del grupo se puede entender mejor las canciones, que en forma de salmos, fueron desgranando en La Ley Seca.
Dicha sala, por cierto, que programa todas las semanas a lo largo de año, y que regenta Patxi con gran mimo, tanto para grupos, como para público. Eso también es importante.
Y Hugo en su jugo también estuvo ahí para verlo.
Texto: Luis Cebrián - Fotos: Eder Guevara
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