El pasado sábado el grupo oscense de folk Kiev Cuando Nieva presentaron su nuevo disco en La Lata de Bombillas, ese refugio indómito situado en la calle María Moliner de Zaragoza. El disco lleva por título “Todos los Ademanes” y es el segundo en la carrera de esta banda que apuesta por sonidos low-fi, vistiendo su propuesta y sus canciones de arreglos preciosistas y letras íntimas.
Folk es una palabra que quizá se queda algo corta y es imprecisa para definir la música de Kiev Cuando Nieva. Si en disco se acercan más a sonidos cálidos y arreglos precisos, en directo su música se tiñe de pop con minúsculas. Un pop que nace en el interior y, al contrario de lo que suele ser habitual, no desea ser mostrado al exterior ni salir de su caparazón de tortuga. Interpretaron casi la totalidad de canciones que forman su nuevo disco, destacando por encima de otras el single “Sal”, la única composición con un ritmo que invita a sonreír. Orencio Boix grabó hace pocos meses un videoclip de esta canción, ambientado en un pequeño pueblo y con sus convecinos de protagonistas, todo muy propicio para mostrar el espíritu de la canción y de la banda. Otros títulos como “El seto divide”, “Hacia las tapias” o “Ermita” fueron apoyados por el teclado y el sintetizador consiguiendo así un nuevo enfoque y algo más de chispa. Las guitarras, opacas durante todo el concierto, hicieron de colchón para una voz que pedía a gritos algo de luminosidad, que sí adquirió cuando el banjo entró en acción. El público se mostró receptivo a lo largo de los escasos 60 minutos que duró el concierto pero ávidos, a su vez, de algo más de emoción.
En el imaginario personal de Kiev Cuando Nieva se adivinan ecos de Refree, Lambchop o Love, pero también encontramos un cierto regusto de bandas nacionales como Manta Ray o los zaragozanos El Niño Gusano. Música intimista y extremadamente personal aderezada con unas letras que, contando historias cotidianas, consiguen escapar de la rutina de lo común.
Texto: Alejandro Elías e Ignacio Pérez.
|