Noche grande en Zaragoza, Marc Ford regresaba a la ciudad. Y esta vez lo hacía de acompañante de The Steepwater Band, grupo asentadísimo en la escena norteamericana en la que el blues y el rock se abrazan constantemente para envidia del que aquí escribe. La historia es de sobras conocida, Marc Ford y The Steepwayer Band coincidieron en el Fantasy Biker Show de Sestao en el 2007, y dieron lugar a lo que dicen que fue una jam session espectacular, no querían que quedara en agua de borrajas y de esa actuación salió una relación constituida en un disco (Grace & Melody) de los de Chicago producido por Ford y en esta gira en la que hay diez fechas en España.
Comenzó la velada The Steepwater Band defendiendo sus temas, a capa y a espada y superando los problemas que daba el dichoso amplificador. No obstante la cosa tardó un poco en calentarse y hasta que sonó World keeps moving on la audiencia no parecía darse cuenta de lo que iba a acontecer en el templo de la Calle Mayor. Canciones contundentes para ser un trío, con largas progresiones instrumentales con sus cambios de tiempo y sus momentos de suciedad, muy en la onda de Bloodline o North Missisipi Allstars.
Tras una hora de show en la que quizás sobró el tema cantado por Tod Bowers, el bajista de la banda, parón. La calma antes de la tempestad. Y esa tempestad se llama Marc Ford, uno de los artífices de que el rock sureño despegara en los 90 con los grandes discos de The Black Crowes. Ford es un trotamundos que se ha sabido rodear, no olvidemos nombres: Ben Harper, Burning Tree, Gov’t Mule…Con la presencia del angelino el sonido se volvió más potente si cabe, mucho más crudo. Siguieron desgranando temas sobresalientes como Heals, All the fall of the day o uno de los cortes del último disco de Marc Ford, Main Drain.
El público que casi llenaba La Casa del Loco (entrada habitual en conciertos de este rango) ya se había entregado a las canciones de diez minutos en la que las dos guitarras eran las protagonistas gracias al buen hacer de la sección rítmica (impecable el control de la situación del batería Joe Winters). A Ford le pudimos escuchar mejor la voz que en su última visita, incluso estuvo más hablador de lo que acostumbra.
Tras tres horas de rock, blues, boogie o lo que quieran nos quedamos con la sensación de haber presenciado algo histórico, nosotros que en lugar de jugar a fútbol nos dedicábamos a mamar de las ubres de Neil Young (del que por cierto cayó Two mules and a rainbow).
Texto y fotos: Stabilito, D. choleitor@hotmail.com |